¡¡¡Señorita Claaaaudiaaaa!!
Reportajes, notas, artículos y opiniones de Claudia Altamirano. No, no es nada personal.
lunes, agosto 22, 2011
Ciudadanos pecho-tierra
No sólo en aras de no romper la objetividad que -se supone- debe caracterizar a todos los periodistas, eso ya es casi, lo de menos. Simplemente porque me parece que criticar a Felipe Calderón es acudir a un lugar ya demasiado común, sobre todo en el contexto que ahora vive México. Lanzarle todo tipo de insultos en redes sociales, o exhortarlo a que se ponga a trabajar en lugar de ________ (fill in the blank) me parece una redundancia, una pérdida de tiempo; la forma más barata de lucirse y simular ser un ciudadano consciente.
Si, el de Calderón es uno de los peores gobiernos que México ha tenido. No se me malinterprete porfavor, ni se me juzgue con la reducida óptica del pejismo: yo no soy calderonista ni panista. El país está en uno de sus peores momentos, y se han cometido atrocidades que NO deben pasarse por alto. Pero mientras no salgamos de las redes, mientras sólo nos quejemos pero sigamos sin hacer nada, seguiremos siendo la esposa golpeada que llora pero no denuncia al marido. Nuestro discurso pierde toda validez ante nuestra inactividad.
Por eso evito los comentarios fáciles e infructíferos. Pero lo que pasó el sábado en Torreón, en el partido Santos- Monarcas, me causó una indignación que me impide guardar silencio.
Esas imágenes me dejaron pensando tres cosas:
1. Lo que pasó a las afueras de ese estadio pasa en las colonias de muchos ciudadanos norteños. NO es más grave porque pase en un estadio de futbol, estos hechos NO son una revelación de la situación que vive el país. Esto empezó hace varios años y ya lleva 40 mil muertes. El plus de este video no es la novedad sino la oportunidad que nos da de ser testigos del horror que viven estas personas. Todos vemos las fotos de los muertos, la sangre y la crueldad en cualquier ciudad del país, pero pocas veces nos toca ver el miedo bajo el que viven estos ciudadanos en su día a día.
2. Estos hechos nos permitieron ver en VIVO cómo la gente de Torreón ya sabe cómo actuar en esas situaciones. Eso es útil pero NO es normal: que los jugadores desaparezcan de pronto a medio partido; que toda la afición se lance pecho-tierra entre las filas de asientos; que los fotógrafos que están a nivel de cancha se cubran el cuerpo con una banca y la cabeza con su cámara; que los padres lleven a sus niños a un partido de futbol y los saquen de ahi corriendo, cubriéndoles el cuerpo con el propio y con las manos la cabeza. Eso NO debe ser normal.
3. Los reporteros necesitamos aprender (¿o recordar?) a ser reporteros en todo momento. La transmisión de TV Azteca relató bien los hechos, sí, pero las cámaras hicieron casi todo (como casi siempre). Uno de los comentaristas no dejaba de repetir "qué desagradable", como si se tratara de una pelea entre aficionados; uno corriendo desnudo a media cancha, o alguien exigiendo que le devolvieran su boleto porque no le gustó el partido. Eso sería desagradable. Una balacera que pone a todos a correr como ratas (como si ellos fueran las ratas), no es desagradable, es inaudito.
Además, en cuanto se suspende el partido y la gente empieza a salir del estadio, la televisora termina su transmisión. Se entiende perfecto que son reporteros de Deportes, que no tienen la experiencia de los que cubren noticias nacionales, o de los especializados en violencia y narcotráfico, pero entonces ¿qué? Si ya están ahi las cámaras, ¿el público debe esperar a que lleguen los reporteros de nota roja o de narco, o de México, para enterarse de lo que pasó afuera? Aquí aplica la famosa frase periodística de "¡traigan un reportero!" para que salga junto con la gente y una cámara a informar...
Pero insisto, no es culpa de ellos. En teoría, todos los reporteros debemos estar listos siempre para cubrir cualquier tipo de noticia: si somos deportivos debemos saber cubrir una balacera; si somos Nacionales y nos encontramos a un músico o un deportista famoso debemos saber entrevistarlo o tomarle fotos; si cubrimos Espectáculos debemos saber cubrir la caída de la avioneta del secretario de Gobernación, si nos toca estar ahi.
Pero la realidad es que nadie está listo. O son tan pocos, que no se ven. La mayoría nos especializamos en un tema o un sector, y conocemos poco de los otros; por lo cual, cuando llega a nosotros una noticia de algo que desconocemos, no sabemos qué hacer. No me queda claro si es cosa de las escuelas de periodismo o de nosotros, o de los mismos medios, que nunca dejan tiempo para que el reportero se prepare para otras cosas, pero definitivamente nos hace falta recordar que, al final del día, en cualquier situación, somos reporteros.
En cambio, aplaudo la foto número 5 de la galería que trae esta nota. No sé si fue un accidente feliz o si fue intencional, pero este fotógrafo, además de informar, se puso a componer su foto. Bravo.
martes, abril 12, 2011
Tiempo: detente muchos años
Crónica de una reaparición nada anunciada, pero por lustros ansiada. Aunque les quitaron el crédito, para la realización de este texto me ayudaron Will Turner, Juan Pablo Mayorga y Jorge Gómez. Lo que sigue, es mi propia versión:
Los boletos para el festival Vive Latino nunca se acaban. El sábado 9 de abril, sí. El estacionamiento y todos los alrededores del Foro Sol nunca habían estado tan saturados de autos, según los elementos de seguridad. La explanada difícilmente se llena en su totalidad y por la noche, los asistentes se apilaron hasta la zona de comercio, debajo de las gradas. El regreso más esperado del rock mexicano rompió las marcas del festival y de su sede: Caifanes estaba de vuelta.
La banda no prolongó la espera, y poco después de las 22:30 apareció en el escenario. Un poco alegre Diego Herrera entró directo a tomar los teclados, seguido del bajista Sabo Romo, el baterista Alfonso André y, finalmente, los integrantes que propiciaron el rompimiento; los dos músicos que, se creyó, nunca volverían a pisar un escenario juntos: Alejandro Marcovich y Saúl Hernández.
Pero la expectativa de los cerca de 70 mil fanáticos y curiosos que llenaron el Foro Sol no se vio reflejada en el escenario: entre Saúl y Alejandro no se percibía ya un conflicto, pero tampoco un solo atisbo de armonía, así como entre el resto de la banda. Cada uno parecía estar haciendo un performance individual; sólo por momentos se acercaban y tocaban juntos, de pronto algún abrazo furtivo o una sonrisa.
Cierto es que Los Caifanes nunca fueron los hombres más expresivos en el escenario, pero se les veía desapasionados, como si no fuera la primera vez que compartían escenario en 17 años.
¿Será por eso que las palabras de Saúl -considerado en los noventas como un tótem del rock mexicano y la figura más representativa del género-, fueron frías y breves? El cantante agradeció que el público no hubiera quitado el dedo del renglón durante más de tres lustros: de rodillas, expresó “Caifanes está a sus pies”.
Los fanáticos corearon lo que hubiera sido su deseo en los años noventa, ‘tiempo, detente muchos años’; para que Caifanes no se separara, para que la magia no se perdiera, para que los años no pasaran, dejando sus obvios efectos en estos músicos, que más que la juventud, parecían haber perdido el entusiasmo.
Aunque Alejandro dejaba ver que él también hubiera querido que no pasara el tiempo: vestido con un pantalón rojo y botas negras, como hace 15 años, demostró que los años sólo han hecho mella sobre su cabellera, dejando intacto su talento. Marcovich sigue siendo Marcovich.
A Viento le siguió otra canción del mismo álbum, el primero de la banda como Caifanes, luego de que abandonaran el nombre de ‘Las insólitas imágenes de Aurora’: Mátenme porque me muero.
Los dioses ocultos aparentemente no eran los Caifanes sino los fanáticos: el concierto estuvo prácticamente hecho por ellos, que con su canto suplieron las –por todos conocidas- deficiencias de la voz de Saúl, quien constantemente dirigía el micrófono hacia el público para que ellos cantaran.
Lejos quedaron los tiempos en que un concierto de Caifanes era un ritual: los escenarios del Palacio de los Deportes y Rockotitlán se quedaron impregnados de una energía mística, de los constantes homenajes que la banda rendía a la cultura indígena, y sí, de humo de marihuana, que se mezclaba con el del copal que se consumía en el escenario.
Lejos quedaron los tiempos en que Saúl le suplicaba a la Piedra que lo dejara, porque él no podía dejarla.
Ese tiempo que compartieron con otras grandes bandas como Santa Sabina, a cuya vocalista, Rita Guerrero, dedicaron ‘Ayer me dijo un ave’, in memoriam. La dedicatoria fue dirigida también a Eugenio Toussaint, jazzista y ex cuñado del baterista Alfonso André, fallecido el pasado 8 de febrero.
Aquí no es así, Miedo y Afuera, del álbum ‘El nervio del volcán’, se escuchaban mientras muchos asistentes -de los que habían esperado horas de pie frente al escenario, apartando su lugar en primera fila- se retiraban. Parece que el desgano de la banda es algo que sólo los fanáticos, y no los curiosos, pudieron soportar.
Sólo un beso de Saúl en la mejilla de Sabo, algunos acercamientos de Alejandro con Saúl –que no siempre eran correspondidos- y con Alfonso, dejaban asomar la química efervescente que hace 20 años hubo entre los miembros de Caifanes. Nos vamos juntos, haciendo viejos, algunos sueños, toda la piel…
Sabo Romo recordó que este 11 de abril se conmemora una de las efemérides más importantes para el grupo: 24 años de su primera presentación en Rockotitlán, que fuera uno de los foros más importantes para el rock en México, en la década de 1980.
Caifanes se despidió con los clásicos No dejes que, La célula que explota y le regalaron al público La negra Tomasa, canción que, antes de separarse, no solían tocar en vivo, pese a ser de las favoritas.
No prometieron volver, ni tampoco dijeron ‘adiós’: sólo hicieron una reverencia abrazados, y se fueron juntos.
jueves, abril 07, 2011
#hastalamadre
Mientras intentábamos mantenernos de pie en el microbús que nos llevaba a Plaza Loreto, él comentaba el asombro que le causa la sumisión del pueblo mexicano. Nos referíamos en concreto al IETU y la forma deliberada, cínica e impune en que nos recetaron este impuesto absurdo, por el cual todos nos quejamos....pero no hacemos nada (en conjunto).
Claro, hubo quienes se ampararon. Claro, hay quienes no lo pagan. Claro, hay quienes hacen trampa para deducirlo.
Pero en Chile, decía Pepe, esas cosas no pasan. Cuando un gobierno les quiere imponer algo que consideran injusto, las protestas y las movilizaciones por otras vías no paran, hasta que el gobierno desiste. "Pero las marchas no sirven de nada", le dije. "Es necesario hacer algo más".
"No pagar", respondió sencillamente.
Pero si unos pocos no pagan, se convierten en evasores del fisco y pueden ser castigados hasta con cárcel -si no pagan la fianza-. Si NADIE paga, el gobierno se vería obligado a tomar otras medidas... o echar para atrás su proyecto. Pero en México no sabemos organizarnos, y la desconfianza, la apatía y la visión individualista nos ganan. Por eso, en este país en el que todo pasa, en realidad, no pasa nada.
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Los mexicanos estamos hasta la madre de muchas cosas, desde hace varios lustros.
La marcha de ayer refleja el espanto de vivir, por primera vez en el último siglo, entre las balas. Es algo a lo que la mayoría de nosotros no estaba habituado, y me parece loable marchar, asustarnos, gritar, espantarnos; todo para no dejar que nos acostumbremos.
Pero nuestro hartazgo no es nada nuevo.
La línea anterior, más que una manifestación del sentir ciudadano, o una advertencia para algún nivel de gobierno -la marcha no le quita el sueño a nadie-, más que eso, es un lamento.
Lo que debe asustarnos no es la 'guerra' contra el narco, los 35 mil muertos, el gasolinazo nuestro de cada mes, los impuestos, la corrupción, el robo de combustible, las multas inventadas para financiar campañas, los parques mexiquenses con el nombre de la señora del cacique......
No. Lo que debe asustarnos, es nuestra apatía.
Lo que escandaliza a cualquiera que nos vea desde fuera, es que todas esas cosas nos pasan, sin que hagamos absolutamente nada por cambiarlo. Los gobiernos nos roban, la corrupción nos ahorca en cada esquina -no sólo en el gobierno- y nosotros lo permitimos.
Somos como la mujer golpeada que se queja con las amigas de que el marido le pega, pero ni lo denuncia, ni lo deja. Sigue ahi, expuesta a que él vuelva a golpearla y ella vuelva a quejarse.
Así llevamos décadas. No lo sé de cierto, pero supongo que siglos.
Estamos hasta la madre desde hace mucho, mucho tiempo.
¿Cuándo nos vamos a organizar para hacer algo al respecto?
sábado, noviembre 28, 2009
"Veo magia en cada cosa que hago"
Texto: Claudia Altamirano(Con ésta entrada cumplo cinco años de relación con El Universal).
Saluda al cadenero, camina directo hacia la barra y toma una cerveza. Ubica una mesa y coloca la cerveza en el centro. “Esto es cortesía de la casa”, inquiere, ante la mirada extrañada de los presentes. “Yo soy Rodrigo, trabajo aquí y les voy a hacer un truco de magia. ¿Está bien?”
Así es como uno conoce a Rodrigo Astro. Un mago de 28 años que no viste de traje, no usa un sombrero de copa del cual luego extraerá un conejo ni carga un maletín lleno de artículos mágicos. Hace magia para los comensales del Queta y eventualmente de otros bares y shows privados, en la modalidad de close- up, es decir, de contacto directo con la audiencia.
Durante tres horas, cada viernes y sábado, este ilusionista manipula el dinero a su antojo:
convierte un billete de 50 pesos en uno de 500; hace flotar billetes y levitar monedas; muerde las de diez pesos y las multiplica en la mano de un comensal del bar. También los entretiene adivinando cartas, fracturándose un brazo, moviendo objetos de su sitio y ahorcándose con la soga blanca. Todos gritan, aplauden, lo felicitan y algunos le piden su tarjeta para contratarlo en alguna fiesta.

Pero Rodrigo, pese al gran éxito que tiene como mago –un comensal del Queta incluso creó un grupo de fans de Rodrigo Astro en Facebook-, es un joven sencillo, estudiante de Finanzas, que vive con su familia y sale regularmente con sus amigos, como cualquier otro chico.
Su afición más obvia es el póker, por lo que juega cada fin de semana en un billar cercano a su casa, cuando termina su trabajo en el bar. Después de varias horas de juego y algunos billetes ganados –a veces perdidos-, Rodrigo Astro se va a dormir, cuando sale el sol.
lunes, agosto 24, 2009
Far away, so close
“Amor de lejos, felices los cuatro”, reza el dicho popular, pero quienes se involucran en una relación a distancia parecen no estar inconformes con el casi nulo contacto que tienen con su pareja; incluso, hoy en día le encuentran numerosas ventajas a la tierra de por medio.
Claudia Altamirano
1925. Hannah Arendt, una brillante estudiante de filosofía se inscribe a la cátedra del maestro Martin Heidegger, a quien admira fervorosamente. La compatibilidad de sus pensamientos los lleva a entablar una febril relación amorosa que se ve interrumpida por la política, la guerra y los matrimonios de ambos, pero que logra sostenerse de una delgada cuerda: la correspondencia.
Siendo ella judía y él un miembro del partido Nacional Socialista, se vieron obligados a separarse geográficamente, tras lo cual, lo único que podían hacer para mantener el vínculo era leerse.
El idilio sufrió varias y largas separaciones, incluso de años, pero su afinidad intelectual, condimentada con el hecho de tener todo en contra, mantuvo ese sentimiento vivo por medio siglo, del cual sólo tuvieron contacto físico una tercera parte y el resto, el amor se alimentó sólo de palabras.
Las relaciones a distancia no son algo nuevo, ni algo propio de personas poco inteligentes –éstos filósofos lo demuestran-, ni nacieron con el Internet y la globalización –aunque su auge se ha dado gracias a éstos fenómenos-. El amor de lejos es tan viejo como el amor mismo, pero en la actualidad sus protagonistas ya no lo ven con resignación ni lo acompañan de gran desolación: hoy se ve como una opción llena de virtudes, incluso más que las relaciones cercanas.
Mayor comunicación, emociones más intensas, menos peleas y un mayor conocimiento del otro, son algunas de las ventajas que los amorosos en la distancia argumentan en defensa de su relación: la distancia los obliga a ser más honestos -pues el otro no tiene más opción que creer en lo que le dicen-; los hace valorar más el poco tiempo que pasan juntos y hablan mucho más que otras parejas, pues el único contacto que tienen durante semanas es a través del logos.
Ser sin estar. Apoyar al otro sin poder darle una palmada en la espalda, o una caricia en el cabello. Matar a la soledad sin desaparecerla. Mantener vivo el sentimiento de alguien que vive en otro estado, otro país, hasta otro continente, parece tan difícil que el pronóstico general para quienes lo intentan es el fracaso.
Pero los protagonistas del amor de lejos tienen otro punto de vista. No sólo se resignan a vivir sin su pareja –como las mujeres de los soldados o de los migrantes- sino que han aprendido a explotar las ventajas de la distancia y sortear la melancolía que provoca.
“Es que vernos es como si no hubiera pasado el tiempo, como estamos todo el tiempo conectados, escribiéndonos, por mensajes de celular.. estamos muy al tanto de lo que le pasa al otro. Yo sé cuando va al doctor, cuando tiene broncas en la chamba o familiares, y él igual”, argumenta Elizabeth, cuyo novio vive en Francia y con quien se ha encontrado cuatro veces; sumando los días, han convivido dos meses y medio, de un año en total.
Un océano de por medio
Se conocieron en una reunión de trabajo en Ámsterdam, donde salieron por una semana y luego volvieron a sus lugares de origen, sin pensar que ese romance vacacional trascendería. Hugo habla español, y en ese idioma empezaron a escribirse por email, vía por la que descubrieron sus afinidades y decidieron iniciar una relación. “Nos fuimos enamorando a través de mails, del messenger durante dos meses”, relata Elizabeth, hasta que él vino a México y se quedó un mes entero en su casa. Ha vuelto dos veces más y el último encuentro fue en París, donde ella permaneció sólo cuatro días.
Aunque admite que sí se ha cuestionado las posibilidades de esa relación y hasta dónde puede llegar, ella dice sentirse mejor con él que con nadie antes, y que, aun en la distancia, siempre se siente acompañada por él.
“Lo dejamos fluir, así comenzó y así ha llegado hasta aquí, no sabemos que pasará pero no perdemos tiempo discutiendo sobre un futuro que no existe, lo que existe es el aquí y ahora. Por eso también es tan intensa la relación, a veces cuando lo tienes cerca das por hecho que el otro siempre va a estar ahí y ya te ocupas de otras cosas”.
Tan lejos y tan cerca
Una constante de éstas relaciones es la sensación de estar más acompañados por el que está lejos que por los que se tiene cerca. “En ocasiones anteriores he tenido un abismo inmenso, emocional y físico, con personas que duermen a mi lado”, expresa Raúl, comunicador de 38 años cuya pareja, Constantino, vive en Tabasco.
“Cuando tuve un accidente hace poco, nadie fue a visitarme. En cambio, aun con la distancia que hay, mi contacto, lo que me recuerda que estoy vivo y que hay alguien que me quiere, son los mensajes de Raúl. Para mi es nutritivo”, agrega Constantino, de 30 años de edad.
Ésta pareja, que se buscó y encontró en Internet hace tres meses, se ha reunido sólo tres veces y sostuvo contacto virtual y telefónico durante tres semanas antes de verse por primera vez. “Sé que es muy importante la retroalimentación del contacto físico, pero a mí me llena espiritualmente saber que la conexión con él es muy fuerte, que tenemos un diálogo franco y un respeto absoluto por el otro”, afirma Raúl.
Es como el síndrome de Romeo y Julieta, afirma por su parte la doctora en psicología social, Sofía Rivera. La especialista coincide con los amorosos a distancia en que la comunicación se vuelve más efectiva que en la cercanía, pues mientras más lejos están, más necesitan saber del otro. “Eso parece obvio, basan su comunicación en la frecuencia más que en la profundidad, por la necesidad de saber qué sucede con algo que no veo”.
Sin embargo, Rivera advierte que lo que se puede decir a través de esos canales es ficticio, pues al no estar cerca de la pareja, ésta puede crear un ambiente o imagen que no corresponde a la realidad.
“Eso es lo que los mantiene adictos a esa relación; mientras les cause problemas por el traslado, por el riesgo de que el otro se involucre en algo más, por comunicarse diario, se mantienen ahí. En el momento en que vean que están cerca y felices, se desmorona”, refiere la catedrática de la UNAM.
Intimidad exprés
El tiempo –o la falta de él- es un factor determinante en el amor a distancia. El viajar dos, tres, ocho horas (por tierra o por aire) para encontrarse con la pareja implica que, los días que se ven, hacen todo juntos: comer, dormir, salir, compromisos sociales, trámites de banco, a veces hasta trabajar. Esto crea una intimidad forzada e inmediata, pues se comparten, desde el primer contacto, cosas y situaciones que regularmente vivirían hasta ya avanzada la relación.
“Es que yo pienso que saltas así porque no tienes el tiempo para sembrar algo más. Todo tiene que ser tan rápido, que te avientas lo de una relación de seis meses en una semana”, explica Jessica, asistente de producción televisiva de 25 años.
Jessica conoció a Carolina en un bar, a través de otra amiga, pero el contacto entre ellas sólo fue virtual durante las primeras dos semanas, posteriormente vía telefónica. Un mes después, se fueron juntas a Acapulco. Ahí empezaron su relación. Jessica vive en la Ciudad de México y Carolina en Morelia. Están por cumplir dos meses y se han reunido tres veces. “La relación ha sido muy extrema porque pasamos de la nada al todo inmediato”, reitera Jessica.
“Pero es muy diferente vivir una etapa de amasiato que vivir juntos”, refiere la doctora Rivera. Coincide con ella la maestra Lilia Joya, también catedrática de la Universidad, quien señala que cada encuentro de éstas parejas es muy intenso, porque cada nuevo encuentro está idealizado y fantaseado, “pero en el sentido estricto son relaciones que no responden a la realidad y a un proceso de crecimiento y maduración personal. En éstas relaciones lo que se busca es evitar la cotidianeidad, son mágicos los momentos juntos porque son situaciones aisladas que no tienen que ver con una situación de pareja real”, puntualiza la psicóloga.
¿Felices los cuatro?
“Para tener un amor de lejos debes tener 100 por ciento confianza en la otra persona”, afirma Aldo, estudiante y coordinador de campamentos para niños. “Si no confías, estás en el hoyo”. Este chico de 23 años sortea las desavenencias de su relación a distancia enfocándose en conocer más a Thalía, su novia de 19 años. “Cuando ella nota que te ocupas de conocerla y saber qué es lo que le hace sentir bien, hay menos posibilidades de que sea infiel”, dice.
Aunque la distancia entre ellos es menor –él vive en la capital y ella en Puebla-, las complicaciones no son nulas, por lo que Aldo refiere que, para sostener una relación así, realmente se debe saber lo que se busca en otra persona. “Si lo que tienes es lo que quieres, entonces no hay que discutir, si ella es lo que quieres, no te va a afectar mucho, por que harán lo posible por verse seguido”.
Es que viviendo en ciudades diferentes, salir con otras personas se vuelve pan comido, pero si éstas parejas caen en la trampa de los celos, su relación no durará, aseguran tanto especialistas como protagonistas. “En vez de estarme haciendo telarañas mentales trato de no fallarle”, recomienda Reynel, productor de televisión de 31 años.
Reynel y Saby llevan juntos un poco más de tres años, él viviendo en el Distrito Federal y ella el Toluca. La cercanía de éstas ciudades facilitó el contacto, de hecho, él trabajó varios años en esa ciudad, por lo que se veían todos los días; sin embargo, desde hace un año y medio sólo pueden verse los fines de semana, por el trabajo de ella y porque él ya no trabaja en Toluca.
“Yo llevo nueve años viviendo solo, sé manejar muy bien mi soledad. Entonces si de pronto me ataca el fantasma mejor me terapeo y procuro no estar pensando en eso; es como tu propia salud mental y eso lo reflejas”.
Y vale más que así lo hagan, pues la distancia hace crecer las dudas, ante la imposibilidad de saber realmente qué está haciendo el otro, o dónde está. “Es como ojos que no ven... Tienen que ser personas muy seguras las que crean este tipo de relaciones, porque de lo contrario se harían una obsesión. Deben ser personas, o muy independientes, o muy frías”, advierte la doctora Sofía Rivera.
Xeng-li conoció ese lado negativo de las relaciones a distancia. Cuando tenía 22 años, salió durante una semana con un chico que estaba de vacaciones en Tapachula, su ciudad, pero que pronto regresaría a Tamaulipas a seguir estudiando. Pese al escepticismo de ella, iniciaron una relación que duró un año y medio -encontrándose cada dos o tres meses- y que terminó cuando ella descubrió que él ya salía con otra.
Daños colaterales
Cartagena de Indias, Colombia. Mientras Alberto tomaba un curso de Ciencias Forenses, Lucy vacacionaba con su hija. Él, mexicano de 33 años, ella colombiana de 38. Se encontraron en un café del Centro; conversaron, salieron durante 15 días y luego ellas volvieron a su natal, Cali. Mantuvieron contacto vía email y así decidieron ser novios. Llevan un año juntos, durante el cual se han reunido cinco veces. Ya conocen a las familias de ambos y sí quieren formar una familia juntos, por lo cual contemplan la mudanza, ya sea a Cali o a Ciudad de México.
Alberto sostiene una muy buena relación con la hija de Lucy, lo que facilita sus planes a futuro, que espera puedan cumplirse en un plazo de un año.
Éstas relaciones, en las que los involucrados pueden vivir entre semana como solteros y los fines de semana como casados, funcionan hasta que la vida se empieza a complicar, como cuando alguno de los dos decide tener hijos, puntualiza la maestra Lilia Joya. “El cambio les va a costar muchísimo trabajo, porque la relación que tenían respondía a una serie de necesidades, no quiere decir que tenga que salir mal, pero les costará mucho”, afirma la psicóloga, “la comunicación tendrá que haber sido realmente buena, porque la necesitarán a la hora de aceptar el tener a otro en casa”.
Quien vive tanto las desavenencias del amor a distancia, como las complicaciones de la paternidad en ésta situación, es Noé. Como Elizabeth, Noé tiene un amor en Francia: una pequeña de cinco años, llamada Luna, a la que engendró con Marie, su ex asistente francesa, con la que sostuvo una relación de un año en México. Cuando supieron del embarazo, decidieron que Luna naciera en Francia, tras lo cual regresaron a México; pero Marie ya no quiso continuar con esa relación y decidió regresar a Poitiers, con su hija.
Así, Noé sólo vivió con su hija ocho meses y después, se convirtió en un amor a distancia. Mientras muestra las fotos de Luna, Noé cuenta que le llama por teléfono cada miércoles –el día de descanso general en Francia- y en las festividades; Marie le envía paquetes con dibujos, fotos y besos de Luna pintados con lápiz labial; le dibujan la silueta de su mano en una hoja y se la envían. Cuando hablan a través de Skype, la niña le canta una canción.
http://www.diasiete.com/09-08-2009/amandititita-contra-la-tele-desde-la-tele#more-4613
http://xml.diasiete.com/pdf/467/16REDESSOCIALES.pdf
jueves, mayo 21, 2009
Libros errantes
Claudia Altamirano y Ricardo Arce
Foto: Javier Armas-Cerón
Publicado en Milenio Semanal: http://semanal.milenio.com/node/555El pueblo estaba vacío. No había un solo cristiano en la calle, y la Biblioteca Vagabunda empezaba a perder la esperanza de recibir lectores ese día. Era 12 de diciembre y la fe había arrastrado a toda la población del municipio de Tlalnepantla (Morelos) a la iglesia, para celebrar a María de Guadalupe en su cumpleaños. Desesperanza de por medio, la Vagabunda abrió sus puertas y se dispuso a esperar. Al cabo de unas horas, el milagro sucedió: una oleada de niños -y adultos- abarrotó las calles y los niños corrieron hacia la Biblioteca. En pocos minutos, unos 300 pequeños revoloteaban dentro y fuera del tráiler, tomaban todos los libros de los estantes y elegían uno para leerlo. La Vagabunda se llenó de júbilo.
(Foto: Ricardo Arce)
“Es un centro cultural itinerante enfocado a la promoción de la cultura escrita, dirigido fundamentalmente a niños y jóvenes. Es una manera de afirmar que la lectura y escritura son actividades que se pueden realizar en cualquier lugar”, afirma Bárbara Martínez, coordinadora operativa del proyecto de la Vagabunda.
“Como es un proyecto que se desarrolla en comunidades rurales, que regularmente tienen mucho rezago respecto a servicios culturales, los niños se sorprenden mucho de encontrar una unidad móvil. A veces dicen que es un robot, les emociona mucho el tema tecnológico y les gusta leer; los niños son el público que más lee, les agrada un sitio donde puedan hacerlo y disfrutarlo. Hay niños que se quedan todo el día, ni se van a comer”, relata Bárbara.
Incluso hay testimonio epistolar del entusiasmo que la Vagabunda ha causado en los niños morelenses: muchos de ellos escriben cartas a la Biblioteca, en las que expresan su gusto y agradecimiento por el rato que pasaron en ella.
La última parada de la Biblioteca Vagabunda fue en Cuernavaca, en el marco de la tercera Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Morelos, celebrada del 2 al 4 de abril pasados. El auditorio Teopanzolco de esa ciudad albergó a la biblioteca, que no tuvo un minuto de tranquilidad: los niños iban y venían, permanecían un rato mientras miraban cada libro que atraía su atención en los estantes –o los que su estatura les permitía alcanzar-, mientras sus padres los esperaban y, de paso, leían algún libro de Mafalda o del monero Trino.
martes, octubre 07, 2008
Bajo el signo de Villoro
Para responder a una pregunta tan abierta e incontestable como ¿Quién eres?, Villoro recurre, para sorpresa de quien lo cuestiona, a la astrología; rompiendo con el prejuicio de que todo periodista debe ser escéptico, en nombre de la objetividad a la que se comprometió; y dando espacio al escritor, que, como él mismo dice, es muy difícil que sea escéptico, “porque la literatura es una forma de creencia, una representación de la realidad no sistematizada, de sueño dirigido; si crees en ese sueño dirigido, hay muchas cosas que te interesan que no son explicables racionalmente”.
Así, el acreedor al premio Xavier Villaurrutia en 1999 se confiesa apasionado de la astrología y, aun más, influido por ella en el desarrollo de una personalidad que a no pocos atrae y sorprende.
“Me interesa muchísimo, de una manera intuitiva, que quizá es la mejor para acercarte a la astrología; he tenido conversaciones con astrólogos que me han parecido fascinantes y al mismo tiempo, a lo largo de la vida me he ido vinculando con signos, creo que todos tenemos un club de signos y eso es asombroso e inexplicable, pero yo lo constato a diario: mi vida está muy influida por Piscis, Acuario, Libra mismo y algunos otros. Eso es muy curioso”.
A mí me resulta más curioso que un periodista como tu crea en el Zodiaco...
“Es más raro porque el periodista es más objetivo y busca la verdad, pero cuando te das cuenta que estás hablando con una persona y su vida ha tenido que ver con cosas que están en el Zodiaco, pues ya puedes dejar de sorprenderte. Es como cuando vas a un tratamiento de medicina alternativa: puedes llegar con todo el escepticismo del mundo y sorprenderte de los resultados, muchas veces inexplicables”.
La conversación empieza a rayar en el misterio al caer en la cuenta de que ésta entrevista, sin querer, tuvo lugar el 24 de septiembre: el cumpleaños de Juan. El asombro se condimenta con la honestidad que le caracteriza, cuando admite que de chico solía leer la revista “Duda”, de corte precisamente esotérico y de dudosa objetividad, que se editaba a principios de la década de los setenta.
“El periodista, aunque parte de un deseo de objetividad, se encuentra frecuentemente con cosas indemostrables. Cuando yo era chavo leía mucho una revista que se llamaba Duda y era una revista muy esotérica, muy mafufa: hablaba de ovnis, de profecías egipcias, de misterios no resueltos... no era muy rigurosa pero era fascinante. Su slogan podría ser el slogan del periodismo, sobre todo del que se puede practicar en México: ‘Lo increíble es la verdad’. Muchas veces cuando estás haciendo un reportaje, lo que resulta increíble es lo auténtico, más en una realidad como la mexicana. Entonces el periodista por más ganas que tenga de ser sensato, se encuentra con muchas zonas difíciles de relatar”, confiesa.
Esa década groovie y revolucionaria en que surgió la revista Duda sirve de contexto para explicar, también, por qué Juan Villoro cree en una disciplina vilipendiada y tradicionalmente menospreciada por los intelectuales. “Como yo estuve muy cerca del movimiento hippie, la era de Acuario y estas cosas, siempre me interesaron mucho los signos del Zodiaco”.
La charla llegó a un punto que sólo la palabra “bizarra” ayudaría a describir, pues mientras hablaba, su actitud y algunas de las cosas que decía me recordaron inevitablemente a alguien... Le confesé que también soy Libra y no sólo me preguntó mi fecha de nacimiento, ¡¡sino la hora!! Algo que hubiera esperado de alguna amiga, o del novio de mi tío, que lee las cartas, pero jamás de Juan Villoro. Para completar el cuadro, lanza otra serie de preguntas desconcertantes: “¿Eres meticulosa, observadora, criticona? ¿Te han sacado tu ascendente? Yo creo que eres virgo. Bueno y un poco más aterrizada que otros Libra, porque ellos son aire y Virgo es tierra. Pero bueno, hay que ver a qué hora salió el sol...”
Al hablar de su personalidad, éste escritor no puede evitar, como buen librano, hacer un determinado elogio de la duda, no como herramienta de conocimiento sino como una actitud.
Tengo la impresión de que eres una persona de eternas preguntas, pero ¿las has resuelto?
“No, afortunadamente no. Yo creo que el infierno es perder la curiosidad, no estar interesado en los demás, en el otro, y no tener estas ganas de averiguar algo. Cuando sientes que sabes todo, que no tienes dudas, que tus certezas son absolutas y que eres una persona de una pieza, creo que estás muerto. Intelectualmente sólo puedes estar seguro cuando pones las cosas en tela de juicio.
Yo creo mucho en eso, la vida no solo está hecha de lo que haces sino de lo que podrías lograr en un momento dado. Y en ese sentido las dudas son muy estimulantes, porque constantemente te dicen ‘no llevas una vida, llevas muchas vidas’, si te lo planteas correctamente puedes optar de muchas maneras y más vale interrogarte al respecto, yo creo que eso es muy rico”.
Pero las dudas también son inquietantes, ¿no?
“Por supuesto, y Libra tiene una indecisión pero que no se debe a que quiera ser arrebatado o pasar de un lado a otro, sino lo que quiere Libra es el equilibrio, pero al buscarlo, al buscar siempre el justo medio, está siempre inclinando más un plato de la balanza o el otro. Entonces necesariamente la duda te lleva a sopesar circunstancias y estar primero de un lado y luego en otro, siempre en un vaivén. Pero eso es más interesante, el lugar más interesante es estar en un hueco entre dos opciones. Es lo más interesante, cuando hay disyuntivas, alternativas. Yo creo que la vida es un lugar a dudas.
Y si la astrología tiene algo que decir al respecto, creo que me ha influido bastante el ser Libra”.
¿Cuál es la mayor complicación de éste carácter para ti?
“Un problema que tengo es la dispersión. Empiezo a hacer una cosa y sigo con otra, esto tiene que ver con mi trabajo mucho, empiezo con un tema a escribir un reportaje, continúo escribiendo un cuento para niños, sigo con un capítulo de una novela y al final ya no sé que hice. Me gustan muchas cosas muy distintas y eso a veces me lleva a conflictos de decisión muy grandes: quiero ir al teatro y ver el fútbol, o estar con la familia; y los placeres suelen ser incompatibles. Aquel que quiere tener placeres simultáneos muchas veces se mete en problemas fuertes, esto tiene que ver no solo con las relaciones amorosas sino con la forma en que organizas tu vida; entonces a veces me pasa eso, que siendo una gente dispersa, tengo tres cosas favoritas al mismo tiempo. Es complicado”.
Esa dispersión tan propia de los periodistas la tiene Juan en su estudio, pero tiene la superstición de considerar que al menos sabe dónde pone las cosas. “A mí me tranquilizó mucho llegar al estudio de José Emilio Pacheco y ver el inmenso desorden en que vive una de las mentes más ordenadas de México, y él me contó que una vez perdió un zapato entre sus libros y se tardó meses en encontrarlo, de tantos libros que había en el suelo, eran como las arenas del desierto. Eso me confortó muchísimo”, relata sin esbozar la menor sonrisa, a pesar de su sarcasmo.
Pero tan propio de los periodistas es el caos, que Juan sugiere desconfiar enormemente de un escritor o periodista que tiene su escritorio ordenado, pues eso suele indicar que no trabaja mucho.
¿Cómo has hecho para mantenerte en una sola pieza?
“Quizá por haber estado en el Colegio Alemán, desde niño tengo una disciplina grande y un sentido de culpa enorme; porque si no estoy haciendo las cosas como debería hacerlas, de inmediato el pequeño comandante que me introyectó el Colegio Alemán me llama la atención y me arresta. Entonces tengo un sentido de la responsabilidad exagerado. Esto tiene que ver con dos o tres cosas: el haber sido primogénito, que siempre recibimos en el camino un mandato de hacernos cargo de los pequeños, en una familia donde además mis padres se divorciaron y yo me quedé como el responsable de muchas cosas, y luego el Colegio Alemán; entonces esas 3 cosas me convirtieron en alguien que tiene una ansiedad de control muy fuerte”.
Se trata de un temperamento bastante contradictorio, como él mismo lo reconoce, pues los libranos, como él, todo el tiempo están en una lucha consigo mismos, pero ese sentido del deber y la disciplina que le inculcaron han impedido que la dispersión de los intereses y los placeres lo conviertan en una persona que está en todos lados y en ninguno.
“Pero esto es provisional, como la meteorología, que tiene momentos de orden y luego viene el huracán y ahí si estoy en la dispersión absoluta y ya no sé porque hago tantas cosas al mismo tiempo”.
¿Entonces es un mal incurable?
“Yo digo que sí, las cosas solo se agravan. Solo tienden a ponerse peor. A partir de cierto momento ya no cambias, solo engordas un poquito. Lo más importante en tu vida te ocurre antes de los doce años. Lo que te forma verdaderamente es la infancia, la gran escuela. Luego ya nos modificamos levemente, a partir de los cuarenta ya somos animales de costumbre; quizá antes pero a partir de los cuarenta ya es muy difícil modificar las neurosis que se han convertido en rituales personales, cosas que ya están dentro de ti”.
Entonces con los años, en vez de reinventarte ¿te vas rehaciendo tu solo? ¿Cociéndote en tu mismo caldo?
“Sí, yo creo que uno puede organizar la vida de tal manera que muchas cosas que parecen confusas en un tiempo, a la larga van encajando unas con otras. Yo tengo la ilusión de que la dispersión en que vivo, al cabo de los años tenga una apariencia de versatilidad; que el haberme interesado por cosas muy diversas, parezca más una variedad que un caos. Por supuesto, mientras lo estás viviendo lo vives más como un caos.
Pero las cosas se pueden ordenar un poco al cobrar perspectiva y revisarlas con el tiempo. Esto tiene que ver también con el proceso de escritura, me pasa muchas veces que empiezo a escribir sobre un tema, tanto de ficción como de no-ficción, de pronto doy un rodeo porque algo me llama la curiosidad, y eso es lo que yo buscaba en secreto pero no lo sabía”.
Por eso, Juan Villoro invita a no quejarse tanto del desorden y los accidentes, porque hay accidentes productivos. “Lo que pasa es que todo lo que no controlas te desestabiliza, te pone nervioso y te hace pensar que eres un mal alumno del Colegio Alemán”.
Y concluye puntualizando su librana defensa de la duda: “Las dudas no son necesariamente negativas, pero a veces les tenemos mucho miedo y queremos certezas. Uno de los sentidos de los libros de autoayuda –que en buena medida explican su auge actual- es el hambre de certezas que tenemos: queremos certeza sobre las calorías, sobre el sexo, sobre la autoridad, la pérdida de pelo, etc. Creo que es mucho más interesante quedarse con la duda, mientras te preguntas la vida tiene sentido”.
